viernes, 1 de agosto de 2008

"Timeo o de la naturaleza", en Diálogos. Platón.

UNIVERSIDAD VERACRUZANA.
Facultad de Arquitectura.
Materia: Teoría de la Arquitectura.
Catedrático: Dr. Arq. Daniel R. Martí Capitanachi.
Lecturas de apoyo.


"Timeo o de la naturaleza", en Diálogos. Platón.Resumen:
Platón expone por voces de Sócrates, Critias, Timeo y Hermócrates, su concepción sobre el origen del universo. En forma previa, se alude al Estado y a la escasa memoria del pueblo griego respecto de sus antepasados en la Atlántida. La interrogante sobre si el universo tiene origen o no, es propiamente el inicio del tema; al respecto se exponen dos proposiciones: 1) lo que existe sin jamás haber nacido, que se asocia al intelecto, al pensamiento unido al raciocinio, a lo inmutables, y 2) lo que está naciendo siempre sin jamás llegar a existir, que se vincula con la opinión acompañada de la impresión de los sentidos; a la verosimilitud, a lo diverso.

Si el universo tiene origen, debe provenir de una causa; dado que está creado de manera perfecta, debe ser copia de un modelo y ese modelo perfecto, sabio y de esencia inmutable, necesariamente el Ser. Al Ser se vinculan tres estados: el intelecto, la ciencia y la opinión. De la última se menciona que es suficiente su verosimilitud. Sobre el cuestionamiento de si existe un sólo mundo o infinitos, se menciona que es verosímil la existencia de uno solo, creado por el Ser.

A la naturaleza la asocia con la proporción y el número. Tres números son suficientes para generar superficies, pero niega que el mundo sea una superficie; de ahí que requiera de cuatro números para engendrar al universo, ya que lo asume como a un sólido. Asocia cada número a un elemento -agua, aire, tierra y fuego-, los cuales considera preexistentes a la formación del mundo y a los que el Ser ordena en el espacio atendiendo a su sabiduría, para hacerlos salir del caos y dar origen al universo.



Al universo concebido como sólido lo identifica como un ser animado, no contenido sino contenedor de todos los demás seres; le concede movimiento y alma. El alma la compuso de tres principios: 1) la esencia indivisible, siempre la misma, asociada al intelecto divino; 2) la esencia divisible y temporal, que es imagen de la materia de las ideas y diversa, y 3) la tercera especie, que es una esencia intermedia, formada de las dos primeras, lo mismo y lo otro. Con ellas tres el Ser formó un todo, al que dividió según le convenía, en partes, cada parte conteniendo las tres esencias. El comentarista del texto refiere que algunos estudiosos relacionan estas tres esencias con la Trinidad. Para partir al todo en partes, el Ser atendió a un orden basado en el número; siguió dos progresiones numéricas, que partiendo ambas del 1, se sustentaron en los números 2 y 3. Cada progresión se asemejó a una línea, mismas que cruzó por el centro, para luego unirlas y originar dos círculos intersectados. A cada uno de ellos les otorgó un movimiento, equiparables a los de rotación y traslación; al círculo interior lo escindió en seis partes desiguales, para generar siete círculos que se asocian a las órbitas de los planetas.

El Ser, sabio, inmutable y eterno creó además cuatro tipos de criaturas: los dioses secundarios, a quienes delegó la tarea de crear al género humano y de dotarle de una especie de alma; la raza alada, la acuática y la terrestre.

Respecto de los sólidos también se enuncia un orden para su formación. Se reconoce al triángulo como la superficie generatriz de as demás superficies; de entre ellos, los triángulos isósceles y escalenos son los primeros en el orden de la composición. Se reconocen cinco sólidos elementales: tetraedro, octaedro, icosaedro, hexaedro y el dodecaedro regular, asemejándose a este último una forma parecida a la del universo.



Los sólidos elementales dan origen, por movimiento y ensamblaje, a los cuerpos complejos, a manera de partículas que se juntan para dar origen a otras mayores. A las agregaciones de estas partículas las compara con el movimiento, oponiéndolas a la inmovilidad del Ser. El movimiento atrae a la diversidad de cuerpos a formar.

El diálogo relata además acerca de las impresiones de los sentidos, sobre el otorgamiento de un alma imperfecta a los humanos, sobre la fisiología del cuerpo humano y las enfermedades, así como sobre la generación de animales, árboles, plantas y granos.

De tal forma que se reconocen tres principios distintos anteriores a la formación del universo: el Ser, el espacio y la generación, y respecto de esta última, atiende a un orden de menor a mayor complejidad.

Crítica.
Se trata de un texto fundamental del pensamiento occidental clásico. Sus planteamientos sobre el espacio y el tiempo, el número y la proporción, la distinción entre intelecto, ciencia y opinión, así como de generación y orden, constituyen proposiciones que han fundamentado otras doctrinas, que a favor o en contra, permitieron la evolución del pensamiento.

El espacio es un preexistente del cual el Demiurgo parte para engendrar al Universo, ordenando en él a los elementos; esto es, es campo susceptible de orden, es dimensión necesaria para el establecimiento de ese orden. Dicho postulado parece ser retomado por Kant, asimilando al espacio como a priori indispensable para la percepción y el conocimiento. El tiempo, identificado con un número, se niega al Ser para ser él mismo quien lo otorgue al universo. Nuevamente parece ser pensamiento sustentante de otras proposiciones filosóficas que postulan la inseparabilidad de tiempo y espacio.

El número y la proporción por su parte, son asociados a la sabiduría del Ser, dado que con base en ellos crea el orden con que engendra al universo; parecería que se trata de un pensamiento de origen pitagórico, que a mi juicio sólo sería endeble cuando lo relaciona a las explicaciones sobre la formación de las sensaciones, de la fisiología humana y de las enfermedades, pero en oposición, es brillante cuando se refiere a las proporciones de los triángulos, la formación de las superficies y la composición de los sólidos.

La oposición entre intelecto y opinión -intermediando la ciencia-, atrae la idea de separar el mundo de la razón del empírico, privilegiando al primero.

Finalmente, la generación basada en un orden -numérico, geométrico-, responde a la concepción de un universo sustentado por una filosofía matemática. De ahí que se trate de la exposición de una filosofía natural basada en el número, a un orden que atiende a causas, que encuentra su representación en el Ser, que es principio y eternidad.