viernes, 1 de agosto de 2008

La Arquitectura

UNIVERSIDAD VERACRUZANA.
Facultad de Arquitectura.
Materia: Teoría de la Arquitectura.
Catedrático: Dr. Arq. Daniel R. Martí Capitanachi.
Lecturas de apoyo.




Síntesis y Notas al libro de Hegel, Georg W.F. (1987, 2a. edición) La Arquitectura. Editorial Kairós: Barcelona.



Hegel desarrolla su texto a partir de una serie de categorías que van desde la generalidad de las formas y las manifestaciones artísticas hasta una división de las artes y sus modos de operación, poniendo un énfasis en la arquitectura, a la que para su estudio particulariza en tres estilos, a saber, el estilo simbólico o idealista, el clásico y el romántico. Es en función a dichos estilos que establece una valoración de acuerdo a las características predominantes en cada uno.

Divide a las formas en libres y no libres. Las primeras son aquellas que exteriorizan su contenido y no tienen mayor apariencia de lo que son, en tanto que las no libres son aquellas en que la forma se percibe como una multitud de detalles y es asociada a aquellas expresiones artísticas o representaciones donde predomina la decoración.

Hegel señala que es un prejuicio pensar que el arte “...habría empezado por lo simple y lo natural”, ya que: “Los inicios simples y naturales, en el sentido de lo grosero y salvaje, no tienen que ver nada con el arte y la belleza...” (6).

En contraste, se señala que: “En tanto que obra de arte, la belleza precisa, desde sus inicios, de una técnica elaborada, exige numerosos ensayos y una prolongada ejercitación...” (6).

El término “abstracto” es asociado a aquellas representaciones no tan próximas a una representatividad real. En cuanto a las diferencias de estilo, Hegel determina [¿cuatro?¿tres?] el estilo grave, el ideal, el bello, y el agradable. [La integración de lo ideal y lo bello en un término común determinaría sólo tres diferencias de estilo.]

Hay en los planteamientos de Hegel [Más adelante se plantea] una relación entre las artes y el modo particular en que estas son percibidas por los sentidos. Con la intención de discernir qué sentidos están estrechamente relacionados con verdaderas percepciones artísticas, se adoptan los criterios de materialidad, de forma y precisión de la percepción que permitan acotar las manifestaciones reales de lo artístico. Así, al enumerar los sentidos y aquello que como posible arte se les asocia, Hegel discrimina el tacto, el gusto y el olfato, situando al oído y a la vista como los únicos sentidos con un carácter netamente artístico. [Explicar por qué?]

A partir de estos dos sentidos y de un elemento que se les agrega y que denomina la “representación sensible”, especie de conciencia a la que se llega por la apreciación de una obra, Hegel establece su clasificación o “sistema de las artes particulares” (21) dividida en tres grupos:
a) Plásticas, entre las que se cuenta la arquitectura, la escultura y la pintura.
b) La música, y
c) La poesía, integrada por los géneros literarios como la épica, la lírica y el drama.

En este punto, se habla de la Verdad absoluta, de la que sólo Dios es poseedor. Intentando relacionar la idea de belleza como lo que existe y es en la naturaleza, y lo que es bello en virtud de lo que podemos apreciar como sus cualidades artísticas, Hegel pone de manifiesto que lo que existe en la naturaleza es bello porque es, y es Verdad porque proviene de Dios. Y nos dice que la obra artística que logra trascender es porque ha logrado materializar y en consecuencia exteriorizar la espiritualidad interior que proviene de la existencia de Dios en uno. La arquitectura se sirve del material para exteriorizar, hacer concreta y trascendente una forma a la que se infunde el espíritu (22).

Para Hegel la arquitectura es la representación primera del arte ya que:

“...en sus inicios el arte todavía no ha hallado, para la representación de su contenido espiritual, los materiales apropiados ni las formas correspondientes, lo cual le obliga a limitarse a la simple búsqueda de la verdadera adecuación y a contentarse con un contenido y un modo de representación puramente exteriores. Los materiales con que trabaja este primer arte están desprovistos de espiritualidad; se trata de la pesada materia sometida a las leyes de la gravedad; en cuanto a la forma, consiste en reunir de modo regular y simétrico las formaciones de la naturaleza exterior...” (21-22).

[p 32 y ss:]Hegel toma como punto de partida para su análisis del arte la búsqueda de sus orígenes, entendiendo éstos como “...la idea que tenemos de la tarea que al mismo incumbe”. Dicha tarea:

“...consiste en dar forma a lo que es objetivo en sí, (esto es, el terreno natural y el ambiente-exterior al espíritu) insuflando así un significado e imprimiendo una forma a lo que está desprovisto de interioridad; forma y significado que no son por si mismos inmanentes a lo objetivo” (32).

De acuerdo al sistema de las artes particulares, Hegel establece una división de ellas, asignando a la Arquitectura el primer puesto, atendiendo a la naturaleza de la cosa. En los inicios del arte, la Arquitectura es una mera acumulación de materiales sujetos a las leyes de la naturaleza, desprovistos de espiritualidad. Es sólo "...pesada materia sometida a las leyes de la gravedad; en cuanto a la forma, consiste en reunir de modo regular y simétrico las formaciones de la naturaleza exterior... " (p. 21). En segundo término el autor sitúa a la escultura, la cual expresa ya la individualidad espiritual, dada a través del manejo del material en su totalidad espacial, cuya forma es producto de esa carga espiritual, en contraposición a una mera representación de la apariencia exterior o de su particularización excesiva. La forma en la escultura es, entonces, una manifestación exterior y concreta de la interioridad espiritual (p.22).
En seguida se refiere a las artes cuya característica es la de exteriorizar en mayor medida la interioridad subjetiva. "La pintura [...] hace de la figura exterior expresión total del interior..." al representar lo Absoluto. La intención de la pintura no es representar a Dios en sí mismo, sino a la conciencia que de él tienen los hombres, a través de las pasiones y acciones de éstos.

El medio para representar la espiritualidad, ya individual o colectiva manifestada por los hombres y el mundo real, es la apariencia, mediante la cual se reduce a dos dimensiones la tridimensionalidad del espacio, valiéndose de apoyos tales como luz ideal -claroscuro-, los colores y las profundidad dada por la superposición de figuras. (p. 23 y 24).

Del mismo orden de la pintura es la música, porque su elemento propio es la interioridad, "...el corresponde al arte simbólico, puesto que ella sólo puede dar a conocer sus significados en el entorno exterior..." (p. 34).

A diferencia de la arquitectura, las obras escultóricas existen de manera independiente y autónoma, ya que en vez de encontrar su significado en una necesidad exterior o finalidad, la llevan en sí mismas. (p.35). En la acepción de la arquitectura como un arte real, el autor establece como punto de partida a su evolución "... una separación muy clara entre el fin y los medios y los esfuerzos. En la arquitectura griega, los soportes adoptan la forma de columnas, mismas que son "...utilizadas como el principal elemento de utilidad y belleza arquitectónica" (p. 91). El templo clásico considerado como un todo. En relación a la proporción que regula este tipo, Hegel señala que: "Ninguna parte sobrepasa a otra, sino que el todo se extiende a lo largo y a lo ancho y se expande sin elevarse [...] Para los antiguos, la anchura en virtud...

Crítica.
1. La ciudad puede entenderse como una entidad real o ideal. La primera necesariamente implica la creación colectiva, en tanto que la segunda, por su naturaleza sólo puede ser individual. Para Hegel, la obra de arte implica la fusión, en mayor o menor medida, de lo exterior, entendido como materia, y la espiritualidad subjetiva o individual, de carácter interior, manifestación de lo Absoluto y Verdadero. Con base en lo anterior, la ciudad real no puede como totalidad ser una obra de arte, dado que no refleja la carga espiritual de un sólo individuo, requisito éste indispensable de la obra de arte para Hegel; sin embargo sí puede ser contenedora de una diversidad de obras de arte, que son creaciones individuales y cuya localización se da en la ciudad. En contraposición, la llamada ciudad ideal se aproxima más a la concepción hegeliana de la obra de arte, en tanto creación individual y exteriorización de una interioridad subjetiva que prescinde de su elemento material. En tanto la construcción colectiva sea representación fiel del ideal individual, su carácter se conserva, pero en tanto modificada por esa colectividad, su esencia sería transformada.

2. La concepción de Hegel respecto de la arquitectura resulta limitada al considerarla la más primitiva de las artes, ya que sólo la refiere como hecho construido, y por ello la asocia a las características de la materia y las leyes naturales. Si considerara a la misma arquitectura como al proceso de su concepción y a su modo de representación (éste último más cercano a la pintura por su inmaterialidad), se tendría que reconocer que la carga espiritual individual se transmite al material como una anticipación del objeto construido.

3. Atendiendo a los tres estilos que postula: severo, ideal o simbólico y romántico, y asociando a la arquitectura con la ciudad que implicarían las concepciones individual y colectiva, respectivamente, se podría señalar que:
a) El estilo grave, resultado de plasmar en la materia la espiritualidad subjetiva sin interés de agradar a la colectividad, adolece por su naturaleza del sentido comunitario que la ciudad implica.
b) En el extremo opuesto, al supeditar su contenido a la satisfacción de los demás, puede hacer perder a la arquitectura sus rasgos distintivos como verdadera expresión artística, con el consiguiente detrimento para la ciudad.
c) A nuestro juicio, la conciliación entre lo individual y lo colectivo, arquitectura y ciudad, estaría como sentimiento desprovisto de forma que se manifiesta no en la realidad exterior, sino por una exteriorización instantánea que se desvanece nada más aparecer". Su material son los sonidos y sus figuraciones están sometidas a medidas especiales. Además de estas dos artes, Hegel menciona a la poesía como "...el verdadero arte absoluto del espíritu manifestándose en tanto que espíritu". La palabra es el medio, y al mismo tiempo su objeto de representación. La palabra escrita se vale del sonido, que representa la materia sensible por la que se advierte el arte, aunque carece de valor propio como en el caso de la música.

En cuanto al modo de representación de que se sirve la poesía (se refiere a la palabra), a este respecto muestra ser un arte total, un arte en sí, pues reproduce en su esfera los modos de representación de las otras artes, lo cual sólo se constata en la pintura y en la música de modo relativo" (26).

Lo anterior refiere la idea del autor concerniente al arte en cuanto tal, para ocuparse en lo sucesivo a la existencia concreta del arte, a su aspecto empírico. Lo asocia a la necesidad, y de ella deriva una diversidad tal que dificulta cualquier clasificación por ser cualquiera de ellas particular y reduccionista. Critica a quienes señalan que el arte es superior a la filosofía; a quienes pretenden agrupar según el detalle; a la posición historicista y explica que su posición personal "...no es inculcar conocimientos artísticos o divulgar una sabia erudición, sino destacar solamente los puntos de vista generales y sus relaciones con la idea de lo bello tal como se realiza en la materia sensible del arte.

El arte particular es aquél al que se le confiere una existencia real, es una totalidad. Nuevamente la arquitectura es la primera de las artes reales porque según Hegel, en el orden de existencia precede a todas las demás artes (30-31). Una posible remisión a la ciudad sería lo expresado por el autor respecto de la evolución de una cosa, entendido "... como el resultado natural, normal, lógico, de un desarrollo mas o menos prolongado..." eminentemente objetivo, soslayando los ambientes y enfatizando lo construido, con excepción de la arquitectura gótica.

Hegel toma como punto de partida para su análisis del arte la búsqueda de sus orígenes, entendiendo éstos como "... la idea que tenemos de la tarea que al mismo incumbe". Dicha tarea:"...consiste en dar forma a lo que es objetivo en sí (esto es, el terreno natural y el ambiente exterior al espíritu) insuflando así un significado e imprimiendo una forma a lo que está desprovisto de interioridad; forma y significado que no son por sí mismos inmanentes a lo objetivo" (p.32).
Haciendo una referencia a Vitrubio quien al discutir los orígenes de la Arquitectura se preguntaba si ésta empezó con construcciones de madera o de piedra, Hegel señala que la cuestión no es intrascendente ya que no se trata de describir la exterioridad material sino la forma resultante de ella. Para la Hegel la forma en Arquitectura responde a la acumulación material, constituido por el estilo ideal o bello en la arquitectura, ya que ésta conservaría la verdad proveniente de su autor y complacería además a los sentidos de los observadores.

4. Al abordar el análisis de la arquitectura y la escultura y su confrontación con la pintura, Hegel hace claras referencias a la materia, denominándola "totalidad espacial" o calificando la "extensión espacial" de los materiales. En este sentido, el autor no establece con claridad la acepción del término espacio en arquitectura, y pareciera equipararlo a lo material. Tal vez por ello el tratamiento de la arquitectura en su libro sea la forma resultante de ella. Para la Hegel la forma en Arquitectura responde a la acumulación material. Para el autor los tipos de edificios son simples medios tendientes a una función o a un objetivo exterior a éstos. Por lo tanto "...La Cabaña y la morada del Dios suponen habitantes, hombres, imágenes de los dioses, etcétera; para quienes han sido edificadas dichas construcciones. Así pues, estamos ante todo en presencia de una necesidad, necesidad exterior al arte cuya satisfacción racional no conviene al arte ni está destinada, consecuentemente a provocar obras de arte [...] Mas cuando en el seno del utilitarismo arquitectónico, orientado hacia la satisfacción de ciertas necesidades tanto de la vida cotidiana como de la vida religiosa o política, aparece una tendencia a formar figuras embebidas de arte y de belleza, estamos en presencia de una división: de una parte, el hombre, el tema o la imagen del dios, como finalidad esencial, y de otra lo que le rodea, la envoltura, proporcionado por la arquitectura como medio con vistas a dicho fin". (p. 33 y 34). "... la arquitectura correspondiente a edificar, tanto para el hombre como para los dioses de figura humana (creados por la escultura), construcciones arquitectónicas, palacios, templos, etc. de significado análogo al atribuido a los dioses." (p. 36 y 37).

A partir del desarrollo histórico de la arquitectura y de las particularidades inherentes a ella, se establecen tres categorías: la arquitectura independiente o simbólica, que lleva un significado en si misma; la arquitectura clásica, "...que da forma a la individualidad espiritual en sí misma" y, la arquitectura romántica, "... con vistas a la satisfacción de las necesidades del espíritu, religiosas o no [...] sin preocuparse por el posible destino de tales edificios". Esta última se asocia a la arquitectura arábiga, gótica o alemana. (p. 37).

Capítulo I. La arquitectura independiente o simbólica.
A partir de la analogía del arte como lenguaje que posibilita a los hombres comunicar y hacer inteligible su interioridad y aspiraciones, Hegel establece una distinción entre los medios de que ambos se sirven: el lenguaje a través de signos que considera arbitrarios y el arte por lo contrario, mediante representaciones cargadas de significado. (p.39).

La trascendencia de la arquitectura en este sentido se le hace evidente cuando apunta que en algunas naciones, ella es la expresión consciente de sus necesidades y aspiraciones más íntimas. El propósito de la arquitectura es hacer perceptible los símbolos. "Hemos dicho que el contenido está formado por concepciones generales que son tanto para los individuos como para los pueblos una especie de parada o remanso interior, una especie de hogar hacia el cual converge todo lo que se agita en nuestra conciencia" (p. 43).
De esta arquitectura simbólica se distinguen tres etapas: una primera en la que "... El objetivo principal de las construcciones [...] es servir de centro de reunión para un pueblo o pueblos, y a este objetivo puede añadirse el de mostrar, a través de la forma dada al edificio, lo que constituye el lazo que une a los hombres, a saber, las representaciones religiosas de los pueblos, lo cual confiere a la expresión simbólica de tales obras un contenido más preciso". (p.43).

En una segunda etapa de est¬e estilo simbólico o independiente, ".... a medida que aumenta la independencia de las partes, la arquitectura tiende a evolucionar hacia la escultura [...] tratando arquitectónicamente los elementos esculturales." Las obras arquitectónicas de esta etapa son intermedias entre la arquitectura y la escultura. Ejemplos de ellas son las esfinges y los templos egipcios.(p.43 y 44). La arquitectura adopta como contenido significados más concretos y busca para su representación formas también más concretas. (p.4 8). El autor subdivide para efectos de referencia a esta mezcla de arquitectura y escultura, en columnas fálicas, obeliscos y templos egipcios."

Al final sobreviene una tercera fase, la del paso de la arquitectura simbólica a la clásica. La arquitectura se separa de la escultura y empieza a dedicarse a construcciones destinadas a expresar significados que ya no tienen un carácter puramente arquitectónico." (p.44). A similitud de la categoría anterior, la subdivide en construcciones subterráneas en la I¬ndia y en Egipto, habitaciones destinadas a los muertos y pirámides en las que "...en parte subterráneas y en parte edificadas sobre el suelo pueden considerarse una transición más neta de la arquitectura independiente a la utilitaria" (p.64). Respecto de las pirámides señala que: "Se utiliza en ellas la línea más esencial, la que más conviene a la arquitectura, esto es, la línea recta y en términos generales, las formas empleadas son regulares y abstractas. Pues la arquitectura, como mera envoltura y en tanto que naturaleza inorgánica, no animada y vivificada por el espíritu que encierra, sólo puede tener una forma que sea exterior a ella y una forma exterior es abstracta y racional, no orgánica [...] teniendo un destino propio y no meramente utilitario; representa un conjunto que se basta a sí mismo y va estrechándose de la base a la cima. (p. 70 y 71).

La tercera etapa constituye el tránsito a la arquitectura utilitaria, donde la racionalidad arquitectónica adquiere un papel preponderante. (p. 71). "En la arquitectura, la necesidad da origen a formas únicamente racionales, dictadas por el entendimiento: líneas rectas, ángulos rectos, superficies planas. En la arquitectura utilitaria, el objetivo está representado por la estatua o, más exactamente por individuos humanos, por una comunidad, un pueblo, que no busca la satisfacción de necesidades físicas, sino la realización de intenciones religiosas o políticas. Sobre todo, se experimenta la necesidad de erigir un cercado alrededor de la imagen de la estatua del dios, o alrededor del santo representado como si realmente estuviera presente" (p.72).

"Nos ha parecido necesario destacar aquí este doble punto de partida de la arquitectura: las necesidades a satisfacer y la independencia, ejercidas sin un objetivo preciso. Pues la verdad reside en la unión de estos dos principios. La hermosa columna, nacida de una forma natural, se convierte luego en un pedestal de formas racionales y regulares" (p. 80).

Capítulo II. La arquitectura clásica
"Su belleza consiste en su finalidad misma, que, exenta de toda asociación directa con lo orgánico, lo espiritual, lo simbólico, queda, aunque exista con vistas a alguna cosa que no es ella misma, como totalidad cerrada que muestra su objetivo, su destino, en todas sus formas, y transforma en belleza, por medio de la música de sus relaciones, lo que dichas formas tienen de puramente utilitarias. Pero la arquitectura, en esta fase, se adecua a su concepto porque es todavía incapaz, por sí misma, de conferir a lo espiritual una existencia real, sino que sólo puede ofrecer un reflejo de lo espiritual por medios exteriores y extraños al espíritu" (p. 81).

Las características de esta arquitectura son:
a) Adaptación de un fin definido.
b) Conformidad del edificio a lo objetivo; al determinar en que condiciones deber ser edificada la arquitectura, tomando en consideración el clima, el emplazamiento y el paisaje, con el propósito de crear "... un todo de una unidad libre..." (p.84).
c) La casa como tipo fundamental. Las determinaciones particulares de las formas arquitectónicas de este estilo son referidas por Hegel a:
c.1) Construcciones en madera y piedra; donde la piedra es más apropiada como medio para la belleza, en tanto que las construcciones en madera satisfacen más fácil y naturalmente el principio primitivo de la construcción. (p.89 y 90)

c.2) El templo y sus formas particulares. "En lo que se refiere a los principales elementos de que se compone el tipo tanto de la casa como del templo [...] en su aspecto puramente mecánico, encontramos que se compone, por una parte, de masas que soportan y, por otra, de masas soportadas; tanto las unas como las otras se combinan de modo que den a la casa fijeza y estabilidad. A esto se añade una tercera determinación que se desprende de la necesidad de rodear la casa y de delimitarla en las tres dimensiones: longitud, profundidad y altura" (p. 91).
de la cual el edificio estaba sólida y cómodamente plantado en el suelo, constituía la principal dimensión; la altura está hecha mas bien a medida de la del hombre y aumenta con la anchura y profundidad del edificio" (p. 103 y 104).

"...el carácter fundamental del todo y de sus simples particularidades, aparece del modo más neto a través de todas sus partes y domina la individualidad de la forma del mismo modo que en el ideal clásico la sustancia en general domina los elementos contingentes y particulares que dominan su expresión viva" (p. 105).

En la arquitectura clásica, las diferencias de estilos se establecen a partir de:
a) Los órdenes de las columnas: jónica, dórica y corintia.
b) La construcción romana fundada en la bóveda de arco.
c) El carácter general de la arquitectura romana, en función al fasto interior que daban a sus construcciones y sin embargo, la menor nobleza y gracia en relación a la arquitectura griega. (p.117).

Capítulo 3. La arquitectura romántica.
Esta arquitectura se asocia a la gótica de la Edad Media y viene a ser una adaptación grandiosa al culto cristiano, dando una concordancia entre el espíritu íntimo del cristianismo y la forma arquitectónica. (p.119).

En cuanto a su carácter general esta arquitectura revela primordialmente intenciones religiosas, mismas que se unen a los aspectos utilitarios de la arquitectura. Sin embargo, el edificio "...se eleva libremente sin estar sujeto a un fin práctico" (p 120). Al identificar las formas del templo con la casa de Dios, Hegel establece que "...su verdadero carácter consiste en que sobrepasa todo fin determinado, todo objetivo definido, y existen solamente por sí mismas, encerradas, por así decirlo, en ellas mismas" (p. 120).

"...la grandeza del arte sabe reintegrar a esta simplicidad de conjunto todas sus partes y fragmentos. Es la sustancia del conjunto que se descompone y divide formando un mundo de detalles individuales [...] ordenándolos regularmente, disponiéndolos simétricamente, imponiéndoles una euritmia adecuada para satisfacernos, asignando a cada detalle su lugar fijo e inmutable, en resumen, realizando su unión firme sin disminuir nada de su ser en sí" (p. 121).

En cuanto a las formas arquitectónicas particulares propias de la arquitectura romántica tenemos:
a) La casa aislada del exterior como norma fundamental. “La forma principal está representada por la casa completamente aislada del exterior" (p. 122). El espacio arquitectónico es cerrado y delimitado asumiéndose como el recogimiento del alma. Al mismo tiempo conlleva una elevación hacia lo infinito, una aspiración hacia Dios en la que el alma se separa de todas las cosas del mundo. Esta arquitectura manifiesta dimensiones considerables en cuanto a su extensión, como intentando lanzarse hacia el cielo. El manejo de la luz se hace patente a través de la utilización de vidrieras de colores. (p. 123).

b) A diferencia de la arquitectura clásica en la que la forma exterior tiene un papel preponderante, en la arquitectura gótica o romántica, el interior adquiere la mayor importancia; y el conjunto de formas lo constriñen y lo aíslan del exterior. Se trata de un espacio cerrado en el que la forma exterior se subordina a la forma interior. (p. 125 y 126).

"El espacio interior no ha de ser un espacio de uniformidad abstracta [...] sino que ha de poseer una forma concreta de dimensiones variadas, es decir, una forma cuya longitud, anchura y altura no sean iguales en todas sus partes [...] pues la uniformidad de un rectángulo o de un cuadrado no podría expresar el movimiento, la disociación y la mediación del alma en sus esfuerzos de elevación hacia el infinito, hacia el más allá y hacia las sublimes alturas" (p. 126).

Por otra parte la arquitectura romántica implica una semejanza a la de las formas naturales, "...la de un continente y un contenido que se elevan con un movimiento libre y solemne." (p. 126 y 127).

c) La decoración de las iglesias góticas, a excepción de las ojivas, pilares y círculos, es muy similar a las de las formas orgánicas, creando masas horadadas, representando figuras humanas reales o fantásticamente configuradas, con una enorme riqueza inventiva, misma que se complementa con una repetición de elementos constantes y simples tales como las ventanas. (p. 141 y 142).

Al referirse a las diversas variedades de la arquitectura gótica, Hegel establece tres:
a) La arquitectura pre-gótica, que viene a ser la sucesora directa de la arquitectura romana, retomando la forma de las basílicas.
b) La arquitectura gótica propiamente dicha que encuentra su desarrollo en el siglo XIII y a la que el autor denomina también arquitectura alemana o germánica.
c) La arquitectura profana de la Edad Media que adapta y modifica las características de las construcciones religiosas para hacerlas congruentes a sus necesidades.

A manera de apéndice Hegel asocia a esta etapa de la arquitectura romántica el arte de la jardinería "... que no sólo crea para el espíritu un ambiente natural en el seno de la naturaleza, sino que se dedica a transformar el paisaje natural y a someterlo a un tratamiento arquitectónico a fin de armonizarlo con la construcción." (p. 145 y 146). En el arte de los jardines pueden distinguirse un elemento pictórico y otro arquitectónico, ya que un parque "...es resultado de un esfuerzo pictórico que deja a los objetos en su estado natural e intenta imitar a la grande y libre naturaleza reuniendo en un espacio más o menos limitado [...] todo lo que es susceptible de agradarnos en un paisaje". (p. 146).

Entendido como la reproducción de la naturaleza, el arte de los jardines debe por otra parte someterse a una elaboración artificial. "Aquí interviene eficazmente la arquitectura con sus líneas racionales, introduciendo el orden, la regularidad, la simetría, sometiendo a los mismos objetos naturales a una elaboración arquitectónica". (p. 147 y 148). Ejemplo de ello son los jardines chinos y los franceses.