viernes, 1 de agosto de 2008

Mensaje a los estudiantes de Arquitectura.

UNIVERSIDAD VERACRUZANA.
Facultad de Arquitectura.
Materia: Teoría de la Arquitectura.
Catedrático: Dr. Arq. Daniel R. Martí Capitanachi.
Lecturas de apoyo.


LE CORBUSIER
1975 Mensaje a los estudiantes de Arquitectura.
(1955) Versión castellana de Nina de Kadala
Quinta edición en español.
Ediciones Infinito.
Buenos Aires.



Síntesis.
El libro contiene un mensaje que Le Corbusier brinda a los estudiantes de arquitectura en respuesta a su constante solicitud de que les imparta cátedra; pero ante la negativa de aquél, argumentada por la falta de preparación pedagógica, prepara a cambio un mensaje para transmitir el conocimiento que le brinda la experiencia.

Parte del reconocimiento del desorden urbano y arquitectónico que impera en Europa -y en particular en Francia- durante la posguerra. Señala que dicha situación ofrece al arquitecto la ambivalencia de presenciar la edificación de obras nuevas que en algunos casos extremos desconocen el contexto en el que se sitúan, al lado de un afán de conservacionismo a ultranza que defiende todo rasgo del pasado edificatorio sin conocer el valor que algunos inmuebles en lo específico, pudieran o no tener. Dicha situación habría de permitir a los estudiantes la doble oportunidad para proponer la vanguardia, siempre que ésta fuera racional, o en su caso, luchar por el rescate y conservación de algunos inmuebles y sitios de interés patrimonial. Pero ante todo, les invita a reflexionar sobre el estilismo que lleva a la individualidad excesiva y que repercute en forma negativa sobre la ciudad segmentándola, por lo que, en contrario, les exhorta a una revolución de conciencia, que corresponde por tiempo a la juventud a la que el mensaje se dirige.



Es intención del autor que la misma juventud conozca que desde su concepción personal debe ser la vivienda el centro de toda preocupación arquitectónica, ya que la considera como la célula de un tejido urbano y como tal, sería su misión regenerarlo como ocurre en los organismos vivos. Si bien acepta que ha sido criticada la calificación de "máquina para vivir" que otorgó a la vivienda en otro tiempo, también aclara el autor que sus detractores no dieron a esa expresión el significado que él quiso imprimir, referido a la eficiencia de ese espacio, más que a la deshumanización o mecanización del mismo. Reafirma tal posición cuando patentiza que a través de la Carta de Atenas, participó en la proclamación de reglas para humanizar el arte de edificar y el urbanismo.

Para Le Corbusier, la Arquitectura es el arte de construir mediante la técnica y la conciencia, y es la vivienda el elemento primado en el orden social y urbano. Exalta ante la juventud el carácter de habitación privada de la vivienda y el cobijo y la paz que ella representa para el usuario, contraponiendo esta visión a la de quienes consideran a la misma vivienda como a una mercancía sujeta a las fuerzas del mercado.

Por ello, formula una crítica a la escuela de Bellas Artes de su tiempo por no ocuparse de inculcar a través del diseño, los valores de la vivienda en los futuros arquitectos como una conciencia genérica que guíe su actuación ulterior. Respecto de la técnica, manifiesta que ella está sumamente ligada al material, y que desde que los materiales de construcción más usuales se internacionalizaron, resulta de escasa relevancia hablar de técnicas locales, pero sí de suma importancia hablar de los rasgos locales de la arquitectura a fin de que se adapte al contexto al que habría de pertenecer. Por ello alienta a la juventud a un compromiso ético en ambos sentidos, de valores y de técnica.

Para Le Corbusier, la Arquitectura es la síntesis del trabajo, tanto interior como exterior; el primero corresponde a la conciencia , misma que brinda una razón para vivir, mientras que el trabajo externo corresponde a la técnica, que es una respuesta del hombre al contacto con su ambiente; se trata entonces de una cuestión de razón y talento. "La Arquitectura es el juego sabio, correcto y magnífico de los volúmenes agrupados bajo la luz" (p. 23).



Explica que todo hecho arquitectónico atiende a una intención de modificar el entorno y que tal impacto debe ser calculado a priori; de ahí que parte del mensaje se relacione con sus apreciaciones respecto a la incidencia sobre el proyecto y el hecho arquitectónico por causa del clima, el sitio -que representa el escenario de la obra-, la escala, así como sobre las percepciones que se logren a través del recorrido y circulación del hecho arquitectónico. Recomienda volver los ojos al pasado si de esa mirada se recuperan reglas como la proporción, técnicas tradicionales de edificación y rasgos de folklore que concedan a la obra identidad.

Por lo que concierne a su forma de trabajo, señala que su Taller se caracterizó por la amplia participación de arquitectos jóvenes con los que intercambió opiniones y trabajó conjuntamente, nutriéndose de su creatividad y aportándoles su experiencia ante problemas de arquitectura inscritos en una realidad plena, sin mitigaciones académicas. El Taller se constituyó en un espacio de búsqueda y a través suyo pudo reconocer que es la tercera dimensión el medio único para conjuntar de manera racional todos los proyectos e intenciones que se refieran a arquitectura.

Al abordar lo relativo a la enseñanza, explica que si hubiera tenido oportunidad de guiar directamente a un grupo de jóvenes, habría solicitado:
1. El rechazo al academicismo, a la arquitectura de estilo, al nacionalismo acendrado, a la arquitectura fragmentaria y superficial que en algunas ocasiones arroja el modelo seguido por la tradición de las bellas artes;
2. El fomento a la pureza, a la percepción intelectual de la belleza plástica y de la proporción;
3. Un sentido práctico de control y de juicio imparcial en la búsqueda de razones sobre el cómo y el por qué de los elementos de la arquitectura;
4. El uso reiterado del dibujo, de la observación directa en sitio, del análisis del entorno, la utilización del color como auxiliar en la proyectación y la formulación de reportes escritos relativos a problemas de Arquitectura.

Finalmente señala de manera clara que la Arquitectura es organización y no sólo el dibujo estilístico sobre el restirador.



Análisis crítico.
* Concerniente al aspecto formal es viable señalar que el autor elabora constantes digresiones -que aunque valiosas por sí mismas-, distraen el entendimiento de las ideas principales. Asimismo, es observable que la forma literaria denominada parábola se utiliza recurrentemente, quedando el lector en la libertad y el trabajo de formular sus propias conclusiones. Si se considera que se trata de un mensaje dirigido a la juventud y que la acotación del significado de algunos términos no es clara suficientemente, tal vez esta forma de exposición no habría sido la más adecuada. Si por el contrario el autor pretendía generar polémicas, discusiones y juicios en torno a sus palabras, entonces el cometido fue, a mi juicio, alcanzado con éxito.

* Resulta altamente significativo el dar a conocer como posición personal del autor ante la juventud, el entendimiento de la arquitectura y el urbanismo como un binomio indisoluble. Tal vez la situación de posguerra que le correspondió vivir influyó para que ambas disciplinas constituyeran a su parecer partes de un mismo conjunto, capaz de ser moldeado a través de la conciencia y la técnica, tal y como lo menciona en el mensaje. Este pronunciamiento es importante no sólo en el discurso, sino en la obra misma de Le Corbusier y ha influido a nivel doctrinal en el pensamiento posterior al suyo.

* El esquema propuesto de trabajo en grupo -que ahora parece tan común- representa, además de una manera de abordar el quehacer profesional, una enseñanza pedagógica en el sentido del maestro que aporta su experiencia a grupo de discípulos, los que brindan por su parte la creatividad y la frescura de las ideas. Pero más allá, el enfrentamiento conjunto a la realidad sin atenuantes -según palabras del autor- representa la oportunidad para ejercitar el proyecto de manera conciente, racional, sin falsos academicismos que continúen segmentando a la ciudad, en afán de una pretendida singularidad.

* Por último, la declaración que sitúa a la vivienda en el centro de la preocupación arquitectónica -que sin duda ha fructificado-, es a mi juicio uno de los pronunciamientos más serios para la juventud de aquél tiempo. Conferir a la vivienda el carácter de célula de la ciudad, como la familia lo es a la sociedad, ha sido motivo de frecuentes estudios que abordan precisamente la humanización de la arquitectura; se trata a mi parecer de una visión antropocéntrica en la que no es el individuo sino la familia, la base de la sociedad y la civilización.