viernes, 1 de agosto de 2008

"El mundo humano del espacio y el tiempo", en Antropología filosófica. Cassirer, Ernest.

UNIVERSIDAD VERACRUZANA.
Facultad de Arquitectura.
Materia: Teoría de la Arquitectura.
Catedrático: Dr. Arq. Daniel R. Martí Capitanachi.
Lecturas de apoyo.

"El mundo humano del espacio y el tiempo", en Antropología filosófica. Cassirer, Ernest.



Resumen.
La búsqueda del carácter verdadero del espacio y el tiempo en el mundo humano es la tarea a lograr por este estudio, empleando como vía indirecta, las distintas formas de cultura.

La experiencia espacial y temporal puede ser remisible a tipos que siguen un cierto orden, de menor a mayor complejidad; la primera de ellas la denomina el autor, espacio y tiempo orgánicos, refiriéndola a la experiencia de seres inferiores que deben adaptarse a las condiciones que les rodean en la búsqueda por la supervivencia; que obedecen a impulsos o a instintos y no a un proceso ideacional.



Respecto a animales superiores, alude una nueva manera de percepción del espacio: la del espacio perceptivo. Dicho espacio, de naturaleza compleja, se construye a través de experiencias sensibles y kinestésicas. El estudio de tal tipo de experiencia espacial, si bien importante, no constituye en punto de atracción principal para el autor, que aborda con mayor énfasis el análisis del llamado espacio simbólico o abstracto, que constituye la frontera que escinde la experiencia animal de la humana y es para Cassirer una idea que "...abre paso no sólo para un nuevo campo de conocimiento sino para una dirección enteramente nueva de (la) vida cultural" (p.73).



La naturaleza del espacio simbólico o abstracto ha sido de difícil explicación; lo intentaron los griegos -idealistas y materialistas-; lo opuso Newton a su espacio matemático; lo opuso Berkeley a la realidad física y lo vinculó a símbolos de relaciones abstractas que calificó de verdaderas. No obstante, para llegar a tal significado del concepto, tuvo que ocurrir todo un proceso histórico de evolución del mismo; de el se distinguen como etapas sobresalientes:
1) el espacio primitivo, como espacio de acción asociado a intereses y necesidades prácticas inmediatas;
2) el espacio de la geometría, para el que se suprimen todas las diferencias empíricas y sensibles para originar un espacio homogéneo y universal, antecedente y sustento del concepto de orden cósmico.

El espacio geométrico es factible de esquematizarse; permite su manipulación por representación como si se tratase de un objeto; permite además establecer relaciones. El concepto de orden cósmico trasciende la vida concreta del hombre para "abarcar el universo entero en una visión comprensiva" (p.77)

Se atribuye a los babilonios ser los pioneros en la comprensión y uso de los simbolismos abstractos, de los que el orden cósmico y el espacio simbólico forman parte. Sustentan tal avance en el conocimiento y manejo del álgebra simbólica, sustitutiva de objetos, sin fin utilitario inmediato, sino trascendente, que es la nota que les distingue de los pitagóricos, que aún conociendo las relaciones numéricas, no pudieron trascender de un primer estadio mitológico.



El pensamiento simbólico evolucionó lentamente, hasta que Descartes, respecto al espacio y Kant en lo relativo al tiempo, formularon nuevas proposiciones; el primero vinculó no sólo el espacio sino la experiencia espacial a los números afín de encontrar el verdadero carácter lógico del pensamiento geométrico. Kant por su parte, atribuyó al espacio la experiencia externa y la interna, al tiempo; para él, el tiempo es condición a priori para la experiencia. Para Leibniz, el tiempo implica necesariamente, el estado precedente y futuro de una cuestión presente.

La memoria fue considerada también base de la experiencia, en la que el tiempo se asimilaba como un orden serial y el espacio como el campo en que dicho orden ocurre; no obstante, tal proposición fue rebatida como rasgo exclusivo del hombre, al demostrar Yerkes ciertos rasgos de memoria en los animales.

La evolución del concepto lo llevó a formar la noción de memoria simbólica, en la que no basta la construcción de la experiencia, sino el empleo de la imaginación. G. Stern señala que la memoria que apunte al pasado no es el hecho característico de la vinculación del hombre y el tiempo, sino la que se dirige hacia el futuro, manifestada a través de dudas, esperanzas o temores nacidos de recuerdos o de experiencias presentes. Y aunque la tesis expuesta se puso en duda, evolucionó para engendrar la idea del futuro simbólico, desprovisto de imperativos de realización inmediata y trascendente a la experiencia empírica.



Dicho futuro simbólico profético atrae nociones éticas y religiosas, fines a alcanzar que rebasan la existencia finita del hombre y cuya incorporación al conocimiento requieren, según el autor, "...un acto nuevo y grande de integración".


Crítica.
La revisión sistemática que emprende el autor respecto de las diferentes experiencias espaciales y temporales es de clara intención antropológica, por lo que se induce a la búsqueda de rasgos distintivos de la experiencia humana en oposición a la de otros seres.

Formula una concatenación adecuada de los términos espacio y tiempo cuando los relaciona al pensamiento primitivo, sin embargo, dado el carácter y fin de la investigación, prescinde de significaciones importantes a dichos conceptos cuando no convienen a su estudio: el tiempo platónico desasociado originalmente del espacio; el exclusivo tiempo presente de San Agustín; el espacio que reclama la materia en Aristóteles. No obstante, la proposición acerca de la dimensión futura del tiempo asociada a fines éticos y religioso es por demás interesante y bien sustentada.

A mi juicio, se trata de un texto que además serio e interesante, es sumamente ameno, de alta claridad conceptual y notablemente bien escrito.

Imágenes: Libre circulación en la internet,

No hay comentarios: